Antibióticos, ¿Les damos un buen uso?

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Antibióticos, ¿Les damos un buen uso?, veamos un poco de historia para poder contestar esta pregunta.

Según Andreas Mortiz…

Los médicos suelen combatir las infecciones bacterianas con antibióticos químicos. Creen que las bacterias implicadas en una infección son dañinas, pero este punto de vista es parcial y potencialmente peligroso.

Los gérmenes están al «acecho» de que aparezca un órgano debilitado  o partes del cuerpo lesionadas cuando se han desbordado los sistemas de auto-depuración y de salud del cuerpo.

Las bacterias infecciosas o virus evitan de modo natural las zonas limpias y saludables, pues son lugares donde no pueden prosperar.

Por esta razón, los gérmenes por si solos no pueden ser responsables de una dolencia. Esta sencilla verdad se confirma por el hecho de que si cien personas se exponen al mismo virus del resfriado o de la gripe, por ejemplo, solo una parte de ellas enferma.

La investigación médica actual nunca ha puesto de relieve ni tratado de entender qué hace que una persona sea inmune a determinados virus y otra no. De otro modo, todos sabríamos desde hace mucho tiempo como mantenernos sanos o como recuperarnos cuando estamos enfermos.

Louis Pasteur

La teoría del origen microbiano de las enfermedades en se basa el moderno sistema médico fue postulada por el químico frances Louis Pasteur a finales del siglo XIX.

Si bien en su lecho de muerte Pasteur admitió que su teoría era errónea, ya todo el mundo la había aceptado y había empezado a perpetuarse el mito. Finalmente, Pasteur

se dio cuenta de que los microbios no pueden causar una infección sin que exista una razón subyacente.

Reconoció que es más bien el entorno o medio celular el que determina los tipos y la cantidad de gérmenes que se adherirán a las células de la materia orgánica.

Esto fue lo que Antoine Bechamp, coetáneo de Pasteur, descubrió y propagó mucho antes de que este último llegara a la misma conclusión al final de la vida (http://materialdenmg.com/pasteur-vs-bechamp/).

Bechamp pensó que la ecología de la sangre y de los tejidos desempeñaba un papel decisivo a la hora de determinar si la enfermedad llegaba a manifestarse o no.

Antoine Bechamp

En 1883, Bechamp declaró sin rodeos «La causa primordial de una enfermedad está en nosotros, siempre en nosotros».

Todos estamos expuestos a los microbios durante las 24 horas del día, a lo largo de toda la vida.

De hecho, tenemos en nuestro cuerpo más microorganismos que células. Muchos dependen del oxigeno, otros no.

Básicamente, algunos microorganismos nos ayudan a digerir los alimentos y a elaborar sustancias importantes como la vitamina B12, mientras que otros ayudan a descomponer los desechos, como la materia fecal. Sin ellos nos quedaríamos «ahogados» en una balsa de detritos.

Naturalmente para sobrevivir necesitamos ambos tipos de microorganismos, y nuestro cuerpo los produce.

El trabajo de Bechamp demostró que si el equilibrio ácido-alcalino (pH) del cuerpo tiende a la acidez, el organismo produce más «alimento» para los microorganismos destructivos y el riesgo de enfermar aumenta.

En estos experimentos Bechamp probó la existencia del pleomorfismo (negada posteriormente por su alumno Pasteur) microbios primitivos que existen en las células y en la sangre de todos los individuos, pueden cambiar de forma y aparecer como gérmenes diferentes.

De ahí que los microbios primitivos inocuos vivan en un pH alcalino sano y fuerte, pero se transformen en bacterias cuando el pH deviene ligeramente ácido. Estas bacterias, a su vez se transforman en hongos cuando el pH aumenta hasta un grado medio de acidez.

Finalmente los hongos se transforman en virus cuando se exponen a un pH muy ácido.

El pH del cuerpo cambia de alcalino a ácido cuando los residuos ácidos del metabolismo, las células muertas, las proteínas sanguíneas y las toxinas quedan atrapadas y se acumulan en los fluidos y tejidos del cuerpo.

El resultado de una crisis de toxicidad no es otra cosa que el intento del cuerpo de volver a un estado más alcalino.

La limpieza

La infección es uno de los medios más efectivos del cuerpo para superar un proceso tóxico, a menos que el sistema inmunológico esté ya tan deteriorado que no tenga remedio, como ocurría en la Edad Media, cuando la peste mataba a millones de personas mal alimentadas e inmunodeficientes.

Los microbios se descontrolan cuando el nivel de toxicidad del cuerpo es extremadamente alto.

En este caso, una intervención urgente, con antibióticos estaría justificada, pero el tratamiento debería ir acompañado de un proceso de depuración de toxinas y desechos.

Eliminar una infección con fármacos puede tener graves consecuencias, que a veces se manifiestan años después en múltiples formas de enfermedades graves. Esto también es aplicable a los analgésicos, el medicamento más utilizado hoy en día, pero de esto hablaré en un próximo post.

(Texto extraído del libro "Los secretos eternos de la Salud. Medicina de vanguardia para el siglo XXI" de Andreas Moritz, editorial obelisco, paginas 44 y 45).
Alternativas

Tal como defiende el Doctor en medicina Enrique de Juan, en su tesis doctoral presentada en el 2015 ante la universidad de medicina de Alcalá de Henares, los imanes tiene un efecto beneficioso sobre el metabolismo celular.

En su tesis demostraba que el impactar imanes, un tiempo determinado, en lugares concretos del cuerpo, mejoraba el ciclo metabolismo de la célula, mejorando en todos los casos del experimento el nivel de pH en esas zonas.

Si unimos esto a lo anteriormente dicho, creo que tal vez, antes de utilizar indiscriminadamente los antibióticos, deberíamos plantearnos el uso de alternativas no agresivas con el cuerpo y dejar estos para los casos urgentes o extremos en los que la vida corre peligro.

Un caso personal

Para finalizar quiero compartir algo que viví personalmente en el verano del 2017. De forma resumida, mi padre ingresado en el hospital por piedra de vesícula, atravesada en el coledococo, que le provoca una fuerte infección.

Tras seis días de recibir por vena fuertes antibióticos, el séptimo día nos visitan la especialista en digestivo y la de corazón, acompañadas por una residente, para comunicarnos que el paciente (mi padre) estaba en un estado muy critico, que la infección se había hecho resistente a los antibióticos y que no se podía hacer nada por él. Que nos fueramos despidiendo.

De perdidos al río (como se suele decir), decidí poner imanes para ver si le podían ayudar. Use el método que enseño en el curso Magneto-K. Tras la colocación de seis imanes de 4000 gauss, los deje sobre su cuerpo toda la noche.

Resultado: A las 08.00 horas de la mañana la infección había remitido totalmente!!, que cada uno saque sus propias conclusiones.

Hasta la próxima!!

 

 

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